UNA HISTORIA SOBRE VIOLENCIA DE GENERO





La cita es en una panadería del norte de Cali, ella acude gustosa pues le causa curiosidad el hecho de que alguien quiera contar su historia, piensa que su vida no es tan extraordinaria como para merecer ser contada; ¡pero sí! esta mujer sufrió episodios de violencia de género de parte de una de sus parejas sentimentales. Ella es una de tantas en la estadística de mujeres afectadas por este flagelo alrededor del mundo, esta es su historia.

Pide un café con leche, es una tarde soleada y seca, como casi todos los días en la ciudad de Cali, hay unos 30 grados centígrados o más. Su nombre es Blanca Flor Téllez, tiene 50 años y la mayor parte de su vida la ha vivido en distintas ciudades del valle del cauca, entre las que se cuentan Roldanillo (lugar de nacimiento), Tuluá y Santiago de Cali.

-¿Y de que vamos hablar?, pregunta mientras coge una bolsita de azúcar alargado, lo parte a la mitad y lo derrama en el café, aún está caliente, humeante. Toma otra bolsita y a continuación hace lo mismo.

Flor es una mujer de contextura gruesa, calculo que debe pesar unos 70 kilos o por ahí; tiene el cabello negro con rizos blancos por su edad ¡pero no se le ve mal! largo hasta un poco más abajo de sus hombros; mide 1.68 de estatura, sus ojos son castaño oscuro; sus cejas son delgadas y perfiladas hacia abajo, cosa que le da más atracción a su mirada. Su nariz es recta, terminando en una curvatura hacia arriba, su boca de labios gruesos curvados y sin ningún tipo de desorden en su dentadura hacen pensar que esta mujer en su juventud debió haber sido reina de belleza, pero no.

Vivió en Roldanillo hasta los 90´s. Me cuenta que su Padre (Gonzalo Téllez), fue Policía en los tiempos en que estos personajes eran admirados por la sociedad, “Era un viejo jodido, casi no nos pegaba; pero cuando lo hacía, nos daba con todo” cuenta, a la vez que frunce el ceño. “Flor” como le dicen sus hermanas, viene de una familia de estrato medio; gracias al trabajo de su padre que sirvió en la policía durante 25 años. Así que en su casa se hacía lo que su papá mandaba, “doctrina militar” que llaman.

Su madre siempre fue una mujer demasiado sumisa, recuerda Flor que su madre  se la pasaba durmiendo y descuidaba las labores del hogar “muchas veces mi papa llegaba y no había almuerzo listo, él se ponía de malgenio y salía de la casa a buscar afuera lo que no encontraba adentro” cuenta.

INFIERNO

El infierno empieza hacia el año 1995 y fue precisamente aquí donde decide darle una oportunidad al amor. “Yo trabajaba en una panadería llamada “La kuty” me acuerdo tanto y un día llego él” ella se refiere a Jarol, el hombre con el que pasaría un verdadero tormento.

“Entro un mono alto ojiverde, con cuerpo trabajado en gimnasio; su pelo era rasito, rasito; yo quede como que ¡guau! Me gustó, y él me empezó hablar porque iba todos los días a comprar pan y un día me invito a salir” dice. Es divertido el desparpajo con que lo cuenta, hace fluir más fácil la conversación.

Después de conquistarla durante un tiempo se van vivir juntos, todo cambiaría una vez allí. “Jarol empezó a tratar mal a mi hijo, -producto de una relación anterior- le decía cosas, por todo lo regañaba, me le pegaba no solo con correa sino físicamente con puños y patadas” llegados a este momento, sus primeras lagrimas empiezan a correr sobre sus mejillas; cristalinas, no las limpia, las deja correr y finalmente se escurren por su cuello. Su voz duda y tiembla, sus ojos se tornan rojos. Cambia de posición, y su mano derecha con puño cerrado tapa su boca. Calla, no dice nada y mira hacia el suelo. Sus lágrimas aún continúan fluyendo por sus mejillas.

Retoma la conversación después de que toma un trago de café. “yo en ese momento no trabajaba porque él me dijo que no lo hiciera más, yo hacía lo que él me decía, ¡eh! -se lamenta- yo parecía boba –continua- yo me empecé a meter y a no permitir que me le pegara al niño y entonces la cogió contra mí. Pero yo prefería que me pegara a mí y no al  niño” cuenta Flor entre sollozos, ahora se tapa la cara mientras continua llorando.

Este infierno continuo por 3 años más, el niño sufría una clara depresión, sumada a la clara delgadez y rostro demacrado de Flor. “Yo me sentía tan mal, no le quise contar a mi familia por lo que estaba pasando, me sentía avergonzada y pensaba que la culpa era mía” aseguró.

Un día una hermana de Flor le cuenta a su padre la situación, acerca de esto Dora cuenta: “Un día fui a visitarla y me di cuenta lo que estaba pasando y le conté a mi papá”.  Don Gonzalo al ser pensionado de la policía y tener amigos e influencias, denunció ante las autoridades al entonces marido de su hija, en un proceso que duró dos años, donde finalmente llegaron a un acuerdo entre las partes para que este no pagará cárcel.

Fruto de esta relación nació la segunda hija de Flor, Stephania Cardona Téllez en 1998. “Esa fue otra pelea que tuve con ese desgraciado porque me la quería quitar, pero me dieron la custodia a mí”, afirma y continua: “No tiene el apellido de él porque en ese entonces el papá de mi primer hijo venia mucho donde mí y yo le dije que me le diera el apellido y el acepto”.

Hoy en día Blanca Flor Téllez es madre soltera ha sacado a sus tres hijos adelante (la última, Daniela; resultado de una nueva relación, de la cual no hubo violencia de pareja) vive con su hermana Dora Téllez en la ciudad de Cali y se considera una mujer FELIZ; pues como ella dice: “Estoy mejor sola, no le respondo a nadie, nadie me molesta y puedo salir cuando quiero, me considero una mujer feliz”.

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